lunes, 1 de mayo de 2017

De manzanas y viajes en el tiempo



Dicen que fue una manzana cayendo de un árbol lo que sirvió a Newton de inspiración para formular su famosa Ley de gravitación universal. En mi caso, aunque yo no formulé ley alguna, fue también una manzana la que me hizo el otro día viajar en el tiempo hasta mi más tierna infancia, a través de su increíble sabor, aroma y textura, algo que ya creía olvidado y que de repente afloró de nuevo en mí cual magdalena de Proust, al ingerir una manzana golden bio. Fue entonces cuando reparé en que hace demasiado tiempo en que la fruta dejó de saber a fruta, la verdura dejó de saber a verdura y así casi con todo. La transición estuvo, sin embargo, tan bien orquestada, que aquí nadie se dio cuenta de nada.

Es una lástima que compremos únicamente dejándonos guiar por el sentido de la vista, porque la perfección de formas y el brillo en esas piezas que vemos tan meticulosamente colocadas en las cajas de los supermercados no guardan relación de proporción directa con su sabor. Al contrario, dejan ver que son sino un producto más de una industria mezquina que solo busca la más alta rentabilidad en el más breve lapso de tiempo sin importar los medios, las formas ni mucho menos la calidad del producto vendido.

Hoy en día ya todo sabe igual, todo es corcho. Los productos naturales perdieron su sabor, mientras que los productos procesados no son más que "corcho aderezado". Siempre dije que la industria alimentaria abusa sobremanera de la sal y el azúcar con el único fin de crear más adeptos. Es extremadamente complicado (y caro) encontrar un producto de calidad que no haya sido adulterado y/o edulcorado o salado en exceso. Nunca debimos salir de eso que ahora denominan bio. Pero nos la han "colado", y ahora pretenden hacernos pagar un plus. Eso que para nuestros abuelos era la norma, el producto ecológico y/o artesano, es hoy en día toda una rareza, además de un lujo.

¡El mundo está loco! No os cuento nada nuevo, amigos.


lunes, 17 de abril de 2017

Interludio musical #27

Ayer como hoy, y hoy como mañana. "I'm sorry" (Brenda Lee), un eterno. Ella lo siente y nosotros también. En estereo. Así suenan las noches que a mí me gustan. ¿Acaso podría alguien no aceptar una disculpa como esta?




Mis recuerdos de este tema musical se remontan a la década de los 80. De noche. En la cama. Con un walkman Sony sintonizado en el dial en el que se emitía "Polvo de Estrellas", de Carlos Pumares, un tipo que vociferaba mucho pero al que me encantaba escuchar porque decía verdades como puños y parecía entender de todo un poco, cosa esta que admiraba y entretenía bastante al renacuajo curioso que era entonces. Curioso, sigo siendo. Renacuajo ya no tanto. Entre otras cosas, hablaba de cine.

Cómo pasa el tiempo... No por la canción.

jueves, 13 de abril de 2017

Sentir, que no es poco

Foto promocional de Christina Rosenvinge


Sentir que quieres decir algo y no saber qué.
Escuchar una canción y sentir que querías contar, no lo que dice esa canción, sino lo que crees que te transmite.
Sentirse dichoso y feliz en esa extraña melancolía que te envuelve cuando la escuchas.

Supongo que esta es una de las cosas que nos hace infinitamente más complejos e interesantes que las máquinas, que solo entienden de reglas preestablecidas, de ceros y unos. La contradicción, lo absurdo, el arbitrio, la espontaneidad, la incertidumbre, la intuición... El sentimiento. Cualidades estas tan humanas.

Sigo con la música. Pocas ideas en mi cabeza. Mucho trasiego de sentimientos. La primavera, supongo.

Christina siempre me ronda. Yo, siempre le rondo. ¡A rondar se ha dicho!



miércoles, 29 de marzo de 2017

Spring time

Parque en primavera


No es que sienta una pasión especial por la primavera (cualquier época del año tiene su encanto). Sin embargo, hace unos días volví a escuchar este tema mientras caminaba con los primeros rayos de Sol de una mañana especialmente brillante (a mi juicio, la primera en belleza e intensidad de este año 2017), e, ipso facto, sentir que un escalofrío recorría mi cuerpo de abajo a arriba (fue justo en este sentido), y empezar a imbuirme un afecto especial, no ya por la primavera en sí, sino, en términos más generales, por el milagro de la vida, fue todo uno. En ese preciso instante ─y con la seguridad que te dan los antihistamínicos en esta estación del año─, aspiré una buena bocanada de aire fresco y me sentí the luckiest man in the world durante un buen rato. Y, aunque en español pueda sonar aún mejor, lo expreso en inglés porque así os suelto esta otra frase y os distraigo un poco con la sola intención de que nadie repare demasiado en lo cursi del discurso.

En fin, que sí, que la primavera es muy bonita y todo eso, cuando no se experimentan reacciones alérgicas... Disfrútenla. La canción también.


domingo, 5 de febrero de 2017

Interludio musical #26

A pesar de no figurar entre mis músicos de cabecera, hay un buen ramillete de canciones suyas que me encantan. Entre las últimas que descubrí, está este hipnótico "Where are we now?", una música que me transporta a lugares en los que nunca estuve, a momentos que jamás viví, pero que recuerdo, sin embargo, con absoluta claridad y realismo gracias al insondable eco de sus notas.

A las ya consabidas eternas preguntas sin respuesta de toda la vida ─¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos?─, David Bowie añadió en enero de 2013 este inquietante "Where are we now?" La cuestión es que nadie sabe realmente dónde estamos, aunque tal vez sea mejor así...



viernes, 16 de diciembre de 2016

Tres por dos más uno igual a cuatro*

Foto promocional de "El último atardecer" (1961).


Dos recomendaciones para el fin de semana: "Duelo al sol" (King Vidor, 1946) y "El último atardecer" (Robert Aldrich, 1961), dos grandes dramas ambientados en el oeste americano. El primero, con un desenlace a pleno sol. El segundo, con duelo al ocaso. Denominador común, aparte del género y Joseph Cotten (actor que realiza un papel muy distinto en una y otra película), su argumento: una mujer, dos hombres y tensión cortante.

Pasión y tormento en ambos tríos, actuaciones de medalla y laurel, y un buen puñado de frases lapidarias y sentenciosas, de esas que los guionistas de antaño acostumbraban a poner en boca de sus personajes.

El impresionante Technicolor de "Duelo al sol", con el color al borde de la saturación en algunos planos, y la simpática cancioncilla que el personaje interpretado por Kirk Douglas no puede dejar de silbar en "El último atardecer", de seguro perdurarán en vuestra memoria. Os las llevaréis a la cama mientras os va venciendo el sueño.

Una para el sábado y otra para el domingo. Quien se aburre es porque quiere. Por cierto, para todo aquel a quien pueda interesar, mis diez del oeste (aquí).


Foto promocional de "Duelo al sol" (1946).


Nota: El título de la entrada, además de ir en contra de toda ley matemática, es una suerte de galimatías con el que relaciono el número de personajes principales total y la cantidad de supervivientes.

martes, 6 de diciembre de 2016

No soporto #30

Las comisiones de mantenimiento de los bancos.




Se sirven de nuestro dinero para obtener beneficios y encima nos cobran por un supuesto mantenimiento. Ya lo decían los Dire Straits: Money for nothing. Aunque en este caso el sentido del flujo es de dinero saliente, dinero que se nos va. Recuerden lo que dice la Ley de conservación del dinero: el dinero ni se crea ni se destruye, solo cambia de bolsillo.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Desvarío del desamado

Noche eterna, prisión amarga.
La esperanza puesta en el nuevo amanecer.
Sueño que sueño, despierto, porque no duermo.
Luz y oscuridad; equilibrio desequilibrado.

La humedad de la mañana llena una habitación vacía.
Las horas pasan y el reloj no avanza.
El día es noche. La noche, larga.
La esperanza puesta en el nuevo amanecer.